28.02.06

El valor de una obra

Posted in Efficiency, Legal at 6:34 pm by Jens Hardings

¿Dónde está el valor de una obra? Si consideramos por ejemplo el gran éxito de JK Rowling con Harry Potter, es efectivamente porque ella es la genial que ha logrado cautivar a las masas de niños para ponerse a leer? Una cosa está clara: el valor de Harry Potter está dado porque hay una gran cantidad de seguidores (fans) de la historia. Si no hubiese seguidores, entonces el valor sería casi cero. Pero por qué entonces los beneficios de ese valor los recibe Rowling y los editores, y lo tienen que pagar los fans? No son acaso los fans los que le dan el valor al producto? No debieran ellos recibir una parte de los beneficios?

Los fanáticos de Star Wars que se disfrazan y hacen publicidad para la saga, no debieran recibir también su justa recompensa? Qué pasa con “El Señor de los Anillos”: la película probablemente tuvo que pagar derechos para utilizar la historia, pero al mismo tiempo la película elevó considerablemente las ventas de los libros. Me parecería perfectamente legítimo que los que poseen los derechos sobre los libros debieran pagarle a los creadores de la película por agregarle valor al producto que ellos tienen.

Un fanático de Harry Potter es un valor muy grande pues puede incentivar a muchos otros a comprar el libro. De dónde aparece ese valor: magia? Por qué, si los editores pretenden acaparar todo el valor generado a través de venta de libros, derechos a películas, mechandising y muchos otros, no se sienten obligados a pagar el valor que los fanáticos le están entregando, sino al contrario: les cobran por el derecho a utilizar Harry Potter en su campaña de difusión? Ley pareja no es dura reza el dicho popular.

Hay otro ejemplo interesante en este artículo: un tipo escribe un libro sobre un tema específico, y repentinamente otro libro, escrito por otro autor hace diez años lo acompaña en la lista de los Best Sellers. La razón es que tratan el mismo tema. Qué autor debiera retribuirle al otro parte del éxito: el primero, porque tuvo la idea y quizás incluso el otro lo pudo haber copiado, como se argumenta en el caso Código Da Vinci? O al revés: el primer autor debiera compartir sus ganancias con el segundo, porque si no fuera por éste, el libro escrito primero seguiría empolvándose a la espera que alguien lo compre?
Es parecido a lo que plantean los pueblos sudamericanos con respecto a las papas por ejemplo: ellos han cultivado varias especies por miles de años, gracias a lo cual Europa se salvó de morir de hambre. Ahora llegan consorcios, toman esas papas sin pagarle nada a nadie, le hacen una mínima modificación y de pronto son dueños del producto total. Puedo entender que alguien argumente el mayor valor de la innovación tecnológica por sobre el “primitivo” cultivo de pueblos originarios, pero de ahí a asumir con cara de palo que lo único que tiene valor es la innovación es absurdo. ¿Sobre qué se innovaría si no existiera ese cultivo, por primitivo que sea? ¿Serían capaces los laboratorios de inventar una secuencia genética similar sin basar el 99,9999% en algo ya existente, y luego crear vida en base a esa secuencia?
Otro ejemplo: ¿quién debiera pagarle a quién al emitir una canción por radio? Por un lado, el artista está recibiendo propaganda, así que hay un argumento para que el artista financie el tiempo de emisión que ocupa su canción. Por otro lado, la radio está haciendo uso de la obra del artista, así que debiera retribuirle. Ambos argumentos tienen sentido. En la práctica, gana el más fuerte: las radios no pagan derechos de autor, pero solamente pueden poner la música que los sellos deciden que los auditores deben escuchar.

Ciertamente no existe una respuesta única. Y sobre todo, los que ahora piensan que es necesario mantener un sistema perfecto que de cuenta sobre cómo se genera el valor: no funciona.

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1 Comment »

  1. Eduardo Graells said,

    February 28, 2006 at 9:29 pm

    Creo que el tema es demasiado ambiguo, sobretodo en el ámbito de las creaciones escritas. Tomando el caso de Harry Potter, los lectores están obteniendo más que la lectura de un libro que les gusta, a pesar de no recibir dinero alguno. Podríamos decir que disfrazándose lo pasan bien, y también que así pueden conocer nuevos amigos. Es indudable esto último si se considera que se han creado comunidades de “fans de Harry Potter”.

    No creo que sean los fans los que le den el valor al producto, sino que lo da la identificación que es capaz de lograr en los lectores el libro. No me llama la atención Harry Potter, pero es indudable que lectores de todo tipo y edad enganchan con él, y éso es lo valorable. ¿Cómo puedo decir esto? No porque existan millones de fans del libro yo voy a enganchar con él (quizás uno que otro niño solitario que busque amigos sí).

    Ahora, ¿qué sucede con las recomendaciones? Alberto Fuguet dijo en la Semana de las Letras en Beauchef, este año, que cuando uno recomienda un libro busca que el otro se parezca un poco más a uno. Y es cierto. En ese sentido ésa es la retribución del lector.

    No leí completo el artículo “The Long Tail”, sólo la primera página. Pero mi opinión es que el autor no debería compartir las ganancias. Soy partidario de lo que Borges escribió: “lo que hace un hombre lo hacen todos los hombres”. Las ideas, las historias, las temáticas siempre han estado allí. Lo que hacen algunos es encontrarlas. Y no todos los que lo hacen tienen la suerte de contar con una buena publicidad. Aunque, no compartir ganancias no quiere decir desconocer la influencia ni perder el respeto. Y menos plagiar. El plagio es vil.

    Creo que este tema es inconcluible, y que la mejor respuesta para cada momento depende exclusivamente de las circunstancias que, sin duda, cambian constantemente.

    Saludos

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